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INGENIO | COMER CON LOS OJOS | GALERíA | Comer con hambre
Comer con hambreEl hambre de nuestra especie. Ese hueco angustioso en la boca del estómago, ese impulso que cambió la historia del planeta en el momento que un primate se alzara sobre sus patas traseras para tomar de un árbol el fruto más apetitoso. En ese acto de curiosidad, las patas delanteras dejaron de serlo y nacieron las manos, manos para comer. Y con las ellas, la técnica para transformar, combinar y reinventar el sentido del hambre. Miles de años nos separan de ese momento, sofisticados sistemas culturales determinan hoy nuestros deseos culinarios. En algunos lugares del mundo se come copiosamente sin sentir hambre; por hedonismo, un hombre es capaz de pagar una cuenta de restaurante que podría mantener un mes a una comunidad entera. Todo depende de qué lado de la mesa se está: comer sin hambre, sólo por placer, puede dejar de ser un lujo para convertirse en un acto vulgar cuando se le coloca junto a la desesperación de una madre que no tiene sino piedras para hacer un caldo. En este lado de la mesa, en esta franja del mundo a la que nosotros -tú, yo, tu vecino- pertenecemos, el hambre es un reloj, un sentido del tiempo que a veces se diluye en el sinsentido. Por ello, sería interesante volver a entregarnos al acto de sentarse frente a un guiso contundente y no quedarse con las ganas de lamer el plato, así, sin pudor. Si el protocolo no lo permitiese, siempre existe la opción de trazar sobre la superficie -con la ayuda de una cuchara, un trozo de pan o tortilla- la huella de nuestros apetitos satisfechos. Aquel viejo refrán tiene razón: no existe mayor cumplido para un cocinero que un plato vacío -sobre todo cuando estuvo lleno-. Comer con hambre, gustosamente, hasta que el tenedor no tenga más migajas qué levantar, es lo mejor que puede ocurrirnos. ![]() ![]() ![]() ![]() ![]()
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es el inicio de un proyecto de responsabilidad social que vincula mundialmente a todos los actores de la gastronomía sustentable y gourmet. |